En Silencio Interior, João Bieniek propone una imagen de recogimiento y escucha interna.
La figura surge entre capas veladas, como un recuerdo que se resiste a desaparecer.
El rojo intenso señala el punto de la angustia y del pensamiento contenido.
Los tonos fríos envuelven el cuerpo en una atmósfera de espera y suspensión.
Las formas no se fijan: fluctúan, se fragmentan y se rehacen.
La obra aborda la saudade, la introspección y lo no dicho.
Una pintura que invita a detenerse y habitar el silencio interior.
