Maré muestra dos rostros enfrentados, divididos por el tiempo.
El joven observa al viejo buscando sentido.
Las huellas aparecen, pero la mirada resiste.
La obra habla de lo que cambia y de lo que permanece.
La memoria se acumula como sedimento en la piel.
El cuerpo envejece, la esencia persiste.
¿El yo joven reconoce al yo viejo?
La marea pasa, algo queda.
