En Sense, João Bieniek investiga los límites del lenguaje pictórico mediante gestos controlados y signos enigmáticos. Sobre un fondo terroso, líneas negras y blancas atraviesan la superficie como huellas del pensamiento. Una figura blanca central parece una puerta, un símbolo o una memoria estructurada.
Las capas se superponen como si el tiempo se hubiera depositado en la tela.
La paleta sobria acentúa la atmósfera contemplativa.
La obra sugiere una búsqueda de sentido en lo fragmentario y lo ausente.
Sense no se mira: se interpreta.
