En esta pintura abstracta, las formas geométricas fragmentadas aparecen como huellas de una memoria que se disuelve. La paleta terrosa de verdes, marrones y beiges construye un espacio silencioso, tensionado por acentos en azul y rojo. La composición evoca el paso del tiempo y la pérdida de unidad de los recuerdos. Entre orden y desgaste, la obra transmite una atmósfera melancólica e introspectiva. La geometría remite al arte concreto, mientras la fragmentación sugiere transformación y vestigio.
